sábado, 12 de noviembre de 2016

Actividad 3. Clandestinos


CLANDESTINOS

Un amigo íntimo me pidió que acudiera el sábado por la noche a su casa para mostrarme
algo. Al llegar, abrió la puerta con aire de misterio y me hizo pasar sigilosamente a su cuarto de
trabajo. Mientras yo curioseaba entre sus libros, él iba de acá para allá, ofreciéndome té, café, whisky, como si le diera miedo entrar en materia. Tras dejar transcurrir un tiempo prudencial, le pregunté si tenía algún problema. Respondió que no estaba seguro y a continuación, colocando el dedo índice sobre los labios, me arrastró al pasillo, desde donde nos dirigimos con movimientos furtivos al salón, cuya puerta estaba entreabierta. Al asomarme, vi a su hijo, de 18 años, instalado en el sofá, leyendo tranquilamente Madame Bovary.

 De vuelta a su estudio, me miró con expresión interrogativa. “¿No te parece alarmante?”,
preguntó. “¿Preferirías que leyera Ana Karenina?”, pregunté a mi vez. “Por Dios”, gritó, “es sábado
por la noche y tiene 18 años; debería estar tomando cervezas con los amigos”. No le dije nada, pero lo cierto es que la imagen del joven, devorando aquella obra clásica, me había perturbado. Quizá no fuera un psicópata, pero tampoco se podía negar que le ocurría algo. Se empieza con rarezas de este
tipo, que al principio hacen gracia, y se acaba leyendo a Samuel Beckett. “La lectura es buena”, le
tranquilicé, “en eso está de acuerdo hasta el Ministerio de Cultura”. “La lectura”, respondió mi amigo, “es buena cuando tus amigos leen, como pasaba en nuestra época. Ahora es un síntoma jodido. Si al menos le diera por El Código Da Vinci, que no hace daño a nadie...”.

Me pidió que hablara con su hijo. “Después de todo”, añadió, “lo conoces desde que era un
niño y te escuchará mejor que a mi”. A los pocos dias, me hice el encontradizo con el chaval y
entramos en un bar. Hablamos de literatura y me pidió algún consejo para abordar la lectura de los
clásicos latinos, que se le resistían. Le recomendé una edición bilingüe de la Eneida y me ofrecí para que la comentáramos juntos. Pagó él y, al despedirnos, me guiño un ojo, diciendome: “De todo esto, ni una palabra a mi padre, que está muy preocupado conmigo”. Asi que llevamos dos semanas leyendo clandestinamente a Virgilio. ¿Adonde vamos a llegar?


Biografía: Juan José Millás

ACTIVIDAD:



¿La literatura? Para mi es como un arma. Un arma que me puede ayudar a combatir la tristeza y la ignorancia, que me ayuda a vencer a mi mayor enemigo: la mente cerrada.
Para muchos el hecho de leer es solo pasar hojas y hojas con cuidado, enfocando su atención al hecho de que puedan cortarse con el fino papel, se olvidan de que cada libro es como un avión que te lleva a cualquier parte del mundo, como una máquina del tiempo que te hace retroceder o avanzar, e incluso las dos cosas a la vez.

La literatura también es como un secuestro, algo que te atrapa y no te deja salir. A veces pienso que el mismo lector tampoco quiere escapar. Te sientes seguro pero siempre alerta, tranquilo pero con la piel de gallina. Te sientes tu mismo y a la vez no, porque eres algo más, leo porque quiero ser algo más.

Y te enamoras. Empieza como un arma, luego te engancha tanto que acaba siendo un secuestro que te obliga a devorar las páginas como fuera realmente comida y acaba siendo una historia de amor. Donde tu siempre eres fiel a ellos y ellos a ti, pues no se enfadan si los abandonas y al tiempo los vuelves a coger, eso puede que no sea amor pero es lo más parecido a ello.
Sigo sin saber por qué leo, sólo se que quiero hacerlo, lo necesito, no porque dependa de ello sino porque realmente la literatura ya forma parte de mi. Es más, lo lleva haciendo mucho tiempo.